Claustrofobia

La claustrofobia es el miedo a estar en un espacio o habitación cerrada o pequeña y no tener salida. Puede suceder en muchas situaciones diferentes. Podría clasificarse como algún tipo de trastorno de ansiedad, que a menudo resulta en ataques de pánico. El inicio de la claustrofobia se ha atribuido a muchos factores, incluida una reducción en el tamaño de la amígdala, el condicionamiento clásico o una predisposición genética a temer pequeños espacios.

Un estudio indica que alrededor del 57% de la población mundial se ve afectada por la claustrofobia grave, pero solo un pequeño porcentaje de estas personas recibe algún tipo de tratamiento para el trastorno.

Síntomas

Claustrofobia generalmente se cree que tiene dos síntomas clave: miedo a la restricción y miedo a la asfixia. Un claustrofóbico típico temerá la restricción en al menos una, si no varias, de las siguientes áreas: habitaciones pequeñas, habitaciones cerradas, automóviles, aviones, trenes, túneles, sótanos, ascensores y cuevas. Además, el temor a la restricción puede causar que la claustrofobia teme a asuntos triviales, como sentarse en la silla de un peluquero o hacer cola en una tienda de abarrotes simplemente por temor a estar confinado a un solo espacio. Otro sitio posible para los ataques claustrofóbicos es la silla de un dentista, particularmente durante la cirugía dental; en ese escenario, el miedo no es de dolor, sino de estar confinado.

A menudo, cuando están confinados en un área, los claustrofóbicos comienzan a temer sofocarse, creyendo que puede haber falta de aire en el área a la que están confinados.

Diagnóstico

La claustrofobia es el miedo a no tener escapatoria, y estar cerrado a un espacio pequeño. Por lo general, se clasifica como un trastorno de ansiedad y, a menudo resulta en un ataque de pánico bastante grave. También se confunde a veces con Cleithrophobia (el miedo a quedar atrapado)

Tratamiento

La terapia cognitiva es una forma ampliamente aceptada de tratamiento para la mayoría de los trastornos de ansiedad. También se cree que es particularmente efectivo en la lucha contra los trastornos donde el paciente en realidad no teme una situación, sino que teme lo que podría resultar de estar en tal situación. El objetivo final de la terapia cognitiva es modificar los pensamientos distorsionados o los conceptos erróneos asociados con lo que se teme;

Exposición in vivo

Este método obliga a los pacientes a enfrentar sus miedos al exponerse por completo a cualquier temor que experimenten. Esto generalmente se hace de una manera progresiva comenzando con exposiciones menores y moviéndose hacia exposiciones severas.

Exposición interoceptiva

Este método intenta recrear las sensaciones físicas internas dentro de un paciente en un entorno controlado y es una versión menos intensa de la exposición in vivo.

Otras formas de tratamiento que también han demostrado ser razonablemente efectivas son la psicoeducación, el contracondicionamiento, la hipnoterapia regresiva y el entrenamiento de respiración. Los medicamentos que a menudo se recetan para ayudar a tratar la claustrofobia incluyen antidepresivos y betabloqueantes, que ayudan a aliviar los síntomas que a menudo se asocian con los ataques de ansiedad.





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